Ratatouille 2
August 31, 2025
From the very first frame, Disney’s live-action reimagining of Ratatouille achieves something extraordinary: it dares to touch one of Pixar’s most beloved stories and reintroduce it with renewed confidence, ambition, and cinematic elegance. Where most remakes are content to rely on nostalgia, this film insists on being more: a reimagining that respects the essence of the original while offering a fresh flavor all its own.
Tom Holland’s casting as Alfredo Linguini initially raised eyebrows, but his performance demonstrates why he remains one of Hollywood’s most versatile young actors. He imbues Linguini with a nervous energy, a physical awkwardness, and a fragile sincerity that makes his growth believable. Holland doesn’t just play a bumbling cook; he plays a young man desperate to find his voice in a world that constantly tells him he doesn’t belong.
Zendaya, as Colette, becomes the film’s moral anchor. Sharp, confident, and fiercely independent, she radiates warmth and discipline. Her chemistry with Holland creates sparks in the kitchen and beyond, grounding the story in a very human romance. She’s more than a supporting character: she’s the embodiment of craft, resilience, and mentorship. Watching her balance vulnerability with mastery of the culinary battlefield of Gusteau’s kitchen is simply captivating.

Luego llega la inesperada pero inolvidable interpretación de Dwayne Johnson como el Chef Skinner. Más que una caricatura cómica, Johnson redefine a Skinner como una potencia teatral, dominando la cocina como un maestro de ceremonias, con un trasfondo de inseguridad y miedo. Su físico lo hace intimidante, pero son sus sorprendentes destellos de humor y carisma los que lo elevan. Johnson demuestra una vez más que su presencia puede transformar incluso el papel más inesperado.
Pero más allá de las actuaciones, lo que realmente asombra es cómo París se convierte en un personaje. Las calles brillan con una suave luz dorada, el Sena reluce bajo la luna y las cocinas rebosan de vida. La visión del director transforma la ciudad en un lugar donde los sueños hierven a fuego lento y la ambición se baña con arte. La cinematografía se detiene en ollas de cobre, vapor ascendente y delicadas guarniciones, haciendo que cada comida parezca una obra de arte. Es cine que casi se puede saborear.
La película también se atreve a extender la historia más allá de la animación original. Se centra más en temas de herencia, legado y la fragilidad del arte frente al comercialismo. La lucha de Linguini no se trata solo de demostrar su valía, sino de honrar el peso de la familia, la historia y la identidad. Colette, por su parte, encarna la lucha de las mujeres en industrias dominadas por los hombres, lo que le añade una capa adicional de profundidad.

Y luego está Remy, el alma de Ratatouille. Recreado con una fluida CGI tan realista que olvidas que estás viendo un efecto, el viaje de Remy aún conserva esa magia esencial: la creencia de que cualquiera puede crear belleza si tiene valentía. Su vínculo con Linguini es tan conmovedor como siempre, equilibrando comedia y ternura a partes iguales.
Las secuencias de cocina están orquestadas con la precisión de una sinfonía. Los cuchillos cortan, las sartenes silban, las cucharas remueven y los pedidos vuelan en un ballet de caos y ritmo. Combinado con una banda sonora arrolladora que mezcla matices clásicos franceses con energía moderna, la película captura tanto el caos como la poesía de la cocina. Estas escenas no son un simple fondo; son el corazón de la película.
Sin embargo, lo que perdura después de los créditos es el mensaje. “Cualquiera puede cocinar” siempre ha sido más que un eslogan: es un manifiesto sobre la posibilidad, sobre ver la grandeza donde otros ven insignificancia. Esta versión de acción real amplía esa verdad, recordándonos que el arte, ya sea en un plato o en una pantalla, prospera cuando aceptamos el riesgo y rechazamos el cinismo.

Si la película animada original trataba de sorprender a los niños con sabiduría, esta reinvención trata de sorprender a los adultos con asombro. Se siente madura, cinematográfica y viva, sin perder nunca la chispa traviesa de la original. La nostalgia puede atraer al público, pero la emoción, la actuación y el puro arte lo mantendrán cautivado.
Ratatouille (2026) isn’t just a Disney remake; it’s an invitation to believe again, to dream again, and to savor the sweetness of courage. It’s a film that proves, once again, that greatness can emerge from the most unexpected places.
